sábado, 29 de septiembre de 2012

Capítulo 5 (disparos)


-Bueno ¿me vas a decir ya lo que quiero saber?- inquirió Anya dejando de andar y clavando sus ojos negros en la otra chica
-sí, supongo que este es un sitio tan bueno como otro- le contestó mirando la calle en que se encontraban, no había nadie más- verás tenemos que encontrar a Lázaro Deveroux, el tiene un mapa de uno de las guaridas de los dragones
Anya cambio el peso de un pie a otro intentando disimular su nerviosismo.
-se que vive en una ciudad de Francia llamada Metz
- no está nada mal- comentó Anya, debía concederle un elogio, había conseguido en una noche mucho más que ella en varios meses
-por cierto me llamo Shana, si vamos a trabajar juntas necesitaré saber tu nombre
-Anya
- bien- dijo Shana con un movimiento de cabeza, uno de sus rizos se interpuso delante de sus ojos y lo colocó tras su oreja- entonces  es hora de coger un avión, pagas tú
-¿avión?- exclamó la del cabello rubio-yo no me monto en esos trastos, no los necesito
Shana le lanzó una mirada especulativa de arriba abajo. La forma en que dijo la última frase había captado su interés.
-¿tienes alas?
-yo no he dicho eso- replicó Anya
-tampoco lo has negado- y sonrió socarronamente-el aeropuerto está a varias horas y conseguir un avión hacía Francia va a ser difícil
Anya puso los ojos en blanco.
-yo puedo encargarme de eso
-no tengo pasaporte- añadió ,se sentía avergonzada de retrasar el trabajo pero lo ocultó bajo su  desafiante mirada
-yo tampoco
-¿entonces cómo...?
-he dicho que yo me encargo ¿cuanto tardaremos en llegar al aeropuerto?- preguntó cambiando de tema y centrándose en lo que de verdad le interesaba
-andando, varios horas, muchas –le explicó Shana frunciendo el ceño ante la perspectiva de andar hasta allí, no sería la primera vez
-cogeremos un taxi, ahora vamos- ordenó la otra
Se adelantó y comenzó andar. Anya tubo que detenerse cuando no supo porque camino seguir. Miró hacía Shana que sonreía con suficiencia alzando una ceja y pasó pos su lado manteniendo esa sonrisa. Luego giró a la derecha.
Siguieron el camino en silencio. Solo los ruidos de la ciudad se filtraba por esas calles. Coches, peleas de bares, mujeres ofreciendo su cuerpo y ruegos de mendigos. Ninguna de las dos hizo el menor caso a lo que sucedió a su alrededor. Shana concentrada en el camino y Anya pendiente de su compañera. Así hasta que Anya sintió una extraña sensación detrás suya. Agudizó el oído intentando captar algo a sus espaldas y las pisadas de otra persona no le  pasaron inadvertidas. Giró la cabeza pero ya no había nadie. Genial, estaban siendo seguidas.

-hummm, Shana- la llamó en un murmullo- nos están siguiendo
La otra chica ni siquiera se giró.
-ya lo se-contestó entre dientes-cuando giremos en la próxima curva, escóndete, y hazlo rápido
Anya odiaba que le dieran ordenes, más ese no era el momento de ponerse  a discutirlo. Y en ese territorio la experta era Shana, tendría que seguir sus consejos. Llegaron a la esquina. Nada más desaparecer de la vista de su perseguidor Anya dio un saltó y se agarró a una de las ventanas viejas de ese edifico. Shana se quedó abajo esperando a su adversario. Se toparía con él en cuento pasara por la curva. Desenvainó una de las espadas sosteniéndola por encima de la cabeza. Luego miró hacía la ventana a más de cuatro metros del suelo donde se encontraba Anya. Sus ojos formulaban una pregunta no dicha ¿cómo diablos había subido hasta allí?
Anya se encogió de hombros indiferente. La aparición de su perseguidor hizo que se librara de contestar. Shana lo atacó acorralándolo contra la pared y con la espada en su cuello. Anya identificó al momento quien era. La misma altura, complexión y ropa que tenía hacía unas horas, incluso el mismo olor a sangre. Era la chica que había visto entrar en el bar.Saltó al suelo en el momento que Shana le quitaba la capucha mostrando el rostro de esa chica. Pelo largo moreno, ojos dorados y facciones finas. Era delgada, y a pesar de llevar varios centimetros de tacón Shana le sacaba un palmo. Sus labios esbozaban una sonrisa mordaz enseñando los colmillos.



-¿una vampira?- exclamó Shana asqueada, la última vez que se enfrentó a un vampiro casi la mata. Eran jodidamente difíciles de acabar con ellos. Al final el vampiro se había cansado de ella y se fue, eso sí, con un cuchillo incrustado en su corazón. Shana sabía que no moriría por eso, pero le dolería curarse, y mucho.

La mujer morena la miró escandalizada.
-¿un vampiro?¿ tengo pinta de ser una vampira?-gritó ofendida- soy una Shellam
Anya llegó a su lado a tiempo para escuchar las últimas palabras. Bufó sin comentar nada.

-¿qué se supone que es una Shellam?- preguntó Shana sin apartar la espada ni un centímetro de su cuello
-No puedo creer que me compares con un vampiro, con esas ratas chupa sangres- parecía estar totalmente ajena al peligro que corría y a la afilada arma que rozaba su cuello- para empezar, los vampiros son adictos, y repito adictos a la sangre, ya sabes como si fuera una droga, nosotros no, podemos vivir sin sangre aunque no lo hacemos, nos proporciona energía y más poder, a diferencia de los vampiros- la última palabra la dijo haciendo una mueca-  podemos controlarlo perfectamente, no vamos por ahí abriendo gargantas, los humanos se ofrecen a nosotros y bebemos si causarle un problema, luego pueden seguir con su vida perfectamente, además, los vampiros son muy fáciles de matar, un poquito de fuego  y puuff

Anya que ya conocía de sobra la diferencias entre una raza y otra la cortó antes de que siguiera hablando.

-¿por qué nos seguías?-su voz sonó fría y mortífera hundiendo su mirada oscura en los ojos de esa Shellam , esos ojos dorados que brillaban con luz propia en medio de la noche
-podéis quitarme esta espada, es molesta- se quejó poniendo la mano sobre el metal e intentando apartarla.
Eso era lo  último que tenía en mente hacer Shana pero la mirada de Anya le dijo que lo hiciera. Tal vez fue por la forma tan intimidatoria en la que habló antes, o que ya no parecía una simple humana .Sino un ser que irradiaba poder y respeto por todos sus poros, el caso es que hizo lo que le pidió en contra de todo lo que le decían sus instintos y reglas de supervivencia.

-gracias- agradeció la Shellam dando varios pasos para separarse de la pared-no era por nada en especial, es que vi a esta humana peleando en la bar- y señaló a Shana, luego sonrió con alegría, era una extraña sensación ver a esa chica riendo como una niña y que tuviera  esos ojos brillando en dorado como si fuera una serpiente- fue divertido, y veréis me e escapado de mi casa en busca de emociones, parecía que tú podías dármelas

Shana la miró incrédula.¿ de verdad pensaba que se iba a tragar ese cuento? Y aunque fuera verdad. ¡¡ella no era ningún mono de feria para entretener al personal!! 
A Anya sin embargo, no le resultaba tan extraño lo que decía la Shellam. Sabía que esa raza vivía mucho tiempo, se les consideraba inmortales y el aburrimiento se hacía muy pesado para algunas personas.

-¿pretendías seguirnos toda la noche solo para ver que pasaba?- preguntó Anya
La Shellam asintió.
-no me lo puedo creer-comentó Shana sin entender ese comportamiento-¿y así por cuanto tiempo?
- la verdad es que no lo había pensado- frunció el ceño contrariada a la vez que se enganchaba uno de sus mechones negros en su dedo índice -supongo que cuando me cansara de vosotras- y se encogió de hombros- bueno ahora podemos ir juntas, mi nombre es Victoria
-NO- negaron ambas a la vez
Shana no quería tener a una rara vampira o lo que fuera durmiendo a su lado, y Anya no  necesitaba más peso en su equipaje, ya era suficiente con una , dos ya era de más.
El aire cambió de dirección y un olor nuevo captó la atención de Victoria. Allí había alguien más al acecho. Frunció el ceño prestando atención a los sonidos de su alrededor. El goteo de un tubería rota, pasos de ratas, el claxon de un coche y ahí estaba. Luego tan solo oyó un clic, suave, a lo lejos, apretando el gatillo de un arma. La bala cortó el aire y recorrió la distancia hasta las tres chicas, iba directa a la cabeza de Shana. Victoria actuó atrapando la bala en su mano derecha cuando estaba a tan solo cinco centímetros de la cara de Shana. Las otras dos la miraban sin dar crédito a lo que había pasado, no entendían que había sucedido, pero sí se dieron cuenta de que acababa de salvar la vida de Shana. Otro clic.

-al suelo- gritó Victoria y los disparos resonaron por todo doquier

viernes, 14 de septiembre de 2012

Capítulo 4 (un adiós)


Llegó hasta la puerta pero él no le permitió abrirla. La sujetó por una mano y le dio la vuelta. Él estaba muy cerca.

-esa no es manera de despedirse, no para nosotros- le puso la otra mano en la cintura,- hace seis meses te fuiste sin ni siquiera avisarnos-su tono de voz revelaba que aún no la había perdonado por eso- y esta vez no será un simple adiós- pegó su cuerpo con el de ella y la besó.
Ningún beso dulce, no, fue de anhelo de sentimientos reprimidos. Shana sorprendida al principio no supo que hacer. Pero Aarón profundizo el beso más y más haciendo que ella se perdiera con su tacto, con su sabor. Y dejó de pensar. Se entregó al beso porque sabía que eso era lo único que iba a tener. Las manos subieron al cuello de él mientras que una de las de Aarón estaba en su cuello y la otra en su espalda, impidiendo que se apartara. Era imposible salir de la prisión de sus brazos, y no quería hacerlo. No lo volvería a ver, podía dejarse llevar por los sentimientos aunque solo fuera esa vez. Sería un bonito recuerdo. 



Entre jadeos se separaron. Se miraron sin saber que decirse. Pero tampoco había nada que añadir. Esta vez Shana sí abrió la puerta. Lanzó una última mirada por encima del hombro y salió.

Mientras tanto Anya esperaba en el jardín, mirando a toda la panda de críos que correteaban a su alrededor observándola como si de un extraterrestre se tratase. La más estresante de todos  era esa de pelo naranja que no le quitaba los ojos de encima. Era la mayor,  y miraba a todos los niños con aire protector. Se quedó sorprendida cuando la ladrona a la que le había pagado le dio todo el dinero a esa chica. Todo. No sabía que pensar. Pero le daba igual mientras la llevara hasta los dragones negros. Ese era su único objetivo, o al menos el primer paso para conseguir su verdadero objetivo. Vengarse de aquellos que mataron a sus padres. Miró la casa con más detenimiento, total, no tenía nada que hacer mientras esperaba. Y estaba realmente mal. ¿de verdad vivían ahí? Era de madera pero incluso a esa distancia podía ver que algunos lugares tenían termitas. Si eran ladrones cómo no podían conseguir algo de dinero y vivir en un sitio mejor. Uno que no se cayera en mitad de la noche, por ejemplo. Lanzó la mirada a los niños y obtuvo su respuesta. Alimentar y cuidar de tantas personas tenía que ser costoso. Siguió mirando la estructura de dos pisos, con el porche, un pequeño balcón en una de las ventanas del segundo piso y una azotea en una de los laterales. El otro lateral acababa en pico. Tenía pinta de casa monster, rollo película de miedo.
Un ruido rompió el silencio. ¿eso había sido un rugido? Miró hacía abajo y se encontró con la cría de un guepardo a dos metros suyo. Claro eso explicaba el ruido. ¡¡¿pero que coño hacía un guepardo en medio de la ciudad?!! Entrecerró los ojos cuando él lanzó otro rugido. No se asustó, más bien se estaba cabreando. Las risitas de los niños llamó más su atención que el mismo guepardo¿ no se asustaban?.
Observó  uno a uno a los presentes .“venga ya” pensó sarcástica cuando vio que faltaba la chica rubia del porche. La del pelo zanahoria confirmó sus pensamientos con la siguiente frase.

-Sandra, compórtate- le regañó al guepardo
Este, más bien, ésta, agachó las orejas y se situó detrás de la chica. No rugió pero le enseñó los colmillos señalando su disconformidad a que ella estuviera ahí.

-¿Cambiantes?- preguntó Anya curiosa, prestando más atención a los demás niños
-sí, la mayoría- le respondió “zanahoria”. Sí, la llamaría así, hacía juego con su pelo. Ocultó una sonrisa antes sus pensamientos

Los qué no eran Cambiantes ¿Qué eran? Se preguntó devolviendo la atención hacía el patio. Conocía bien a la raza de los Cambiantes, eran humanos que sin saber por qué habían mutado hasta poder convertirse en una animal a su antojo, el animal en el que se convertían siempre dependía del carácter y la personalidad del humano, y siempre sería el mismo animal para el resto de su vida. Que una cría de cabellos rubios que no medía más de un palmo se convirtiera en una guepardo le parecía de lo más gracioso. Su curiosidad no paraba de aumentar con los habitantes de esa casa. Empezando por la ladrona que había encontrado en el bar, hasta el niño más pequeño que sostenía la del pelo estridente en brazos.

-mi nombre es Sisi
Anya la miró sin contestar. No había preguntado. Suspiró exasperada cuando “zanahoria” no apartó la vista esperando a que se presentara.

-Anya

Por fin. La ladrona salió de la casa  y no tardó en estar a su lado.

-todo listo- afirmó sin mostrar ninguna emoción en el rostro
-bien, ¿sabes dónde encontrarlos?-preguntó Anya
-mas o menos, luego te explico
Esa respuesta no le gustó en absoluto pero no se quejó. Vio como Shana se despedía de los demás intentando sacar más información sobre ellos. ¿los niños cambiantes podían ir a una escuela pública? No lo creía. Desde el descubrimiento de la magia se habían creado diferentes instituciones para todas las razas que iban a  apareciendo, ahora había escuelas de magos, humanos, duende, etc, etc ¿pero Cambiantes? Eran demasiado inestables. Creía recordar haber leído algún artículo sobre los pros y los contras de juntar a muchos Cambiantes en un mismo recinto, como en un colegio, y que los contras habían sido superiores. Sintió lastima. ¿a qué venía ese pensamiento? Le daba igual que hicieran esos niños medio animales.

-no dejéis de estudiar¿ de acuerdo? Y lavaros los dientes antes de acostaros, no os peleéis y hacer caso a todo lo que os digan Sisi y Aarón,
Todos los niños asintieron y les dio un abrazo por turnos. La última fue Sisi.

-cuídate, por favor -le rogó
-siempre lo hago, espero que tengas suerte con ese trabajo de camarera
Ambas se sonrieron.
-yo también,-hubo un silencio-no quiero decirte adiós-susurró Sisi
-no lo hagas,
-¿volverás?
Shana pasó la mirada por cada uno de los niños, no sabía si podría estar apartada de ellos para siempre.

-quien sabe- le contestó encogiéndose de hombros
Se reunió de nuevo con Anya y se fueron por donde habían venido, escuchando de fondo el llanto de los niños.
 Poco a poco todos fueron entrando en la casa, hacía varias horas que había anochecido  y empezaba hacer frío. Sisi acostó a Cámeron en la cama con Candela, la pobre había tenido un fuerte dolor de estómago y se había acostado pronto. Luego bajó al salón. Ahí estaba Aarón ,con la vista clavada en la ventana perdido en sus pensamientos.

-Sisi ¿cuándo empiezas el trabajo?
- dentro de un mes- contestó sin saber por qué le preguntaba sobre el trabajo  en ese momento
-me voy-aunque lo dijo con voz firme se notaba que no estaba seguro de esa decisión
La declaración la pilló totalmente por sorpresa. Pero cuando recapacitó sonrió de oreja a oreja.
-estaremos bien, -dijo ella intentando solventar las dudas que sabía que tenía Aarón-Shana ha dejado suficiente dinero para mantenernos muchos meses ¿vas tras ella?
Él asintió.
-¿por qué ha venido?¿se ha metido en algún problema?
-no, pero lo hará
-entonces no lo pienses más y ve- le apoyó
Aarón se dio la vuelta sin decir nada.
-¿estás segura?¿tú y lo niños estaréis bien?
-por supuesto- le sonrió tranquilizándolo ,se acercó a él y le dio un fuerte abrazó- no es por nada pero sino te vas ya ,vas a perder su rastro
Aarón esbozó una de sus sonrisas encantadoras. Sisi había pensado más de una vez que si guardaban esas sonrisas en tarros y las vendían serían ricos. Una vez que se separaron, él salió por la puerta. No iba a permitir que Shana se le escapara de nuevo. Si ella creía que estaba mejor sola le haría cambiar de opinión.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Capítulo 3 (recuerdos de Shana)


Shana lo siguió no sin antes pararse para dar un beso a Sandra y rozar su nariz con la de ella, luego le pasó la mano por el pelo a Israel alborotándoselo. El pequeño se abrazó a su pierna. Shana tubo que aguantar las lágrimas cuando lo separó con cuidado. Entrar en esa casa fue difícil. Lo primero que se veía al entrar era el pasillo, a su derecha el salón.

-vamos chicos que es navidad- gritó Sisi- Samuel deja de saltar sobre el sofá
El chico obedeció pero no se quedó quieto, echó a correr por el salón, dio un vuelta alrededor de Sisi con los brazos abiertos simulando ser un avión ,para acabar sentado frente al arbusto que habían utilizado como árbol. No era grande, y tenía muy pocas hojas verdes. Solo tenía como decorado algunas figuras de cartón creadas entre todos y algunas bolas de colores. Pero eso era suficiente para ellos. Todos los demás pequeños se reunieron en el salón junto a Samuel mirando los regalos bajo las ramas del árbol. Shana estaba sentada en el suelo cruzada de piernas cogiendo a Cámeron. Aarón entró en ese momento en la habitación.

-¿pero qué hacen aquí tantos niños?-exclamó fingiendo estar horrorizado
Todos rieron con él.
-vamos abrir los regalos- dijo Paloma con una sonrisa tan grande que casi le cruzaba la cara- te estábamos esperando
-pues ya estoy aquí, manos a la obra


Los niños se tiraron en pelotón a por los regalos mientras Aarón se sentaba junto a Shana. Cruzaron un mirada contentos de haber podido ahorrar para comprar algunas regalos esa navidad. Sisi peleaba y reía intentando poner orden entre los niños para que no se equivocaran de regalo. Un libro para Paloma. Un balón  para Samuel. Un osito de peluche para Sandra. Un coche para Israel y un sonajero para Cameron.

-¿Qué pasa Sandra?- le preguntó Shana cuando vio que no iba a jugar con los demás-¿no te gustó el regalo?
-sí, pero si no hay dinero, ¿cómo tenemos regalos?
Sisi miró hacía otro lado para que  la pequeña no viera sus lágrimas  ¿cómo podía tener seis años y darse cuenta de tantas cosas?
Shana pasó a Cámeron a los brazos de Aarón y abrazó a Sandra.

-Papa Noel se acuerda de todos los niños, incluso los que no tienen dinero y viven en feas casas
Sandra soltó un risita.
-a mí me gusta la casa, somos una gran familia
-tienes razón pequeñaja-añadió Aarón- y ahora vete a jugar con los demás

Shana desechó el recuerdo y comenzó andar de nuevo por el pasillo, se había petrificado en la puerta del salón. Unas escaleras daban al segundo piso, a las habitaciones, pero sabia que Aarón no había ido por allí. Siguió por el pasillo hasta el final que daba a la cocina. Paró en el umbral observando la hornilla de gas en la que tan solo iba uno de los fuegos, los armarios donde el último tenía una de las bisagras sueltas y sin quererlo otro recuerdo se infiltró en sus pensamientos.

-huele a chocolate-dijo Aarón con una media sonrisa entrando en la cocina
-sí y ni lo mires,-le advirtió Shana señalándolo con la paleta- es el cumple de Israel se merece una buena tarta de cumpleaños-y untó algo más de chocolate sobre el bizcocho
Aarón frunció el ceño haciendo un mohín con la boca. Intentó meter uno de los dedos en el tazón de chocolate derretido, pero Shana lo vio venir y le dio en la mano con el cubierto
-a veces eres el más niño de todos- le regañó aunque no pudo esconder la sonrisa
-¿cuando lo compraste? Debe de haber sido esta mañana sino no habría aguantado en la nevera
-exacto, cortesía de un señor con muuucho dinero en la cartera
-¿a quién desplumaste ya?- preguntó mientras se sentaba en uno de las sillas, esta crujió peligrosamente pero no se rompió
Shana se encogió de hombros.
-un viejo muy estirado, por cierto ¿qué a pasado con la luz?
-el vecino ha descubierto que se la robamos
-¿va a llamar a la policía?-no lo miró y la pregunta fue formulada despreocupadamente, pero  Aarón notó el leve temblor de su mano
-no,- le contestó tranquilizándola-creo que nos tiene demasiado miedo, me gustaría saber que clase de bestias cree que somos
Shana se giró en busca de una bolsa para intentar hacer un dibujo sobre el pastel y Aarón aprovechó ese momento para coger el chocolate. Probó tan solo un poco, seguro que Shana había comprado lo justo. Sin embargo, sí se permitió hacerle una pequeña broma. Se colocó justo detrás de ella y mojó sus dedos con chocolate, cuando se dio la vuelta Aarón estampó el chocolate por toda su cara.

-¡¡Aarón!!
Él soltó una carcajada divertido por la cara indignada de Shana. Ella contraatacó estampándole uno de los huevos que le había sobrado sobre la cabeza. Shana esbozó una sonrisa de suficiencia. Odia perder y sino podía vengarse en el momento se obsesionaba hasta devolver la broma. Aarón la conocía muy bien, y sabía de ese rasgo.

-con que esas tenemos...
La cogió por las rodillas y la cargó en el hombro .Mientras ella, pataleaba y gritaba que la bajara ,él reía con más fuerza.

-bájame ¡ya!- y le pegó con el puño en la espalda- se me esta subiendo la sangre a la cabeza
 Como única respuesta Aarón subió sus manos hasta los muslos.
-¿qué hacen tus manos ahí arriba?- casi gritó por la sorpresa y la indignación de estar de esa manera
-sujetarte mejor
Shana sabía que estaba sonriendo aun sin verlo.
Cuando llegaron al jardín los niños jugaban al pilla pilla unos detrás de otros.

-chicos- exclamó Aarón captando la atención de todos- Shana a pedido un baño especial ¿se lo damos?
Sandra empezó aplaudir y a saltar a la vez ,haciendo que sus rizos rubios no pararan quietos mientras Samuel corría a por la manguera.

-baño especial, baño especial- gritaba Paloma dando saltos también
- no os atreváis, Aarón te voy a matar por esto- le amenazó pero ya era demasiado tarde. La manguera estaba preparada y Sandra abrió el grifo mientras Samuel la sujetaba y Aarón la ponía de forma que quedara totalmente empapada.

Borró la sonrisa que se había formado en sus labios e hizo mover sus pies hacía la derecha entrando en la habitación donde la esperaba Aarón. Él estaba apoyado en una de las tres mesas que había para los estudios de los niños. María, la mujer que los acogió a ellos en primer lugar, siempre insistió en que debían aprender, aunque solo fuera a escribir, leer y las cuatro cuentas. María no toleraba la estupidez y decía que no tener dinero no era excusa para no aprender. Tras su muerte ellos siguieron con su ejemplo, ya que esos niños no podían ir a un escuela pública como todos los demás. Shana cerró la puerta y se apoyó en ella con los brazos cruzados. Notaba el hierro de las espadas en su espalda, pero estaba acostumbrada a llevar colgando ese peso cada minuto del día.

-¿cómo van las cosas?- preguntó intentando romper el hielo
-como siempre
-¿y los niños?¿ qué tal los estudios?
Aarón esbozó una sonrisa irónica sabiendo que ella se estaba andando por las ramas. Le siguió el juego.

-bien ,también, Paloma dice que de mayor será como la mujer esa que escribió Harry Potter
-J.K Rowling
-sí, esa, no para de repetir que esa mujer se hizo rica por sus libros y que ella va escribir muchos libros para ser muy rica también.

Shana se permitió relajarse y sonreír. Esa actitud era muy típica de Paloma.

-Sisi ha conseguido un trabajo como camarera-siguió diciendo Aarón
-un trabajo honrado ¿eh?
Él asintió cruzando una mirada de entendimiento con Shana.
-nunca se le dio bien robar
-a nosotros sí ¿verdad?- añadió algo melancólica la chica de ojos azules- robar, matar, engañar, eso es lo que hacemos
-es lo que nos ha tocado vivir

Era la verdad y Shana lo sabía, aunque le llevó mucho tiempo aceptarlo. De pequeña había sido una niña mucho más problemática que los que ahora vivían en esa casa. Ella nunca quiso aceptar que era esa vida le que le había tocado vivir ,como bien decía Aarón, ella quería más y solo era capaz de pensar en que la vida había sido injusta. Poco tiempo después descubrió que la vida nunca era justa.

-si Sisi va a trabajar ¿quién va a cuidar de los niños?- preguntó cambiando de tema
-yo, menos cuando... bueno, ya sabes, tenga que “trabajar” , además ahora hay una niña nueva, se llama Candela y tiene doce años , echará una mano
Shana asintió. Una niña con doce años que se había criado en las calles era tan madura como  una de veinte. Efectos de ver el lado malo de la sociedad.

-te echamos de menos- dijo de repente sobresaltándola, sus ojos no apartaban la mirada  haciendo que ella sintiera esa sensación de que había perdido algo importante cuando se fue de esa casa, esos sentimientos cada vez le eran más familiares- y te necesitamos aquí
-sabes que no me puedo quedar
-podemos protegerte,
-no, no puedes- negó ella aunque le costaba más que nada- no si no quieres dejar a esos niños otra vez viviendo bajo un cartón y comiendo de la basura
Aarón cerró los puños, no poder hacer nada por protegerla lo estaba matando por dentro. Se sentía tan impotente.

-¿para qué me necesitabas?- preguntó después de haber dado varias inspiraciones
-información, la rubia de afuera está buscando a los dragones negros
-¿quieres que te diga donde puedes encontrarlos?-inquirió incrédulo alzando la voz sin darse cuenta- te has vuelto loca, solo los desesperados tratan con esa secta de espías
-pues ella lo estará- replicó Shana acercándose a él para enzarzarse en una discusión-solo tengo que llevarla a el lugar, yo no trataré con ellos
-aun así es peligroso
-oh vamos, Aarón- se quejó exasperada- esto va a ser lo menos peligroso que e echo en los últimos seis meses, o en los últimos 19 años
-yo no se donde se encuentran
-ya lo se, pero sí sabes de alguien que sí
Aarón se guardó el insultó que quería soltar, menuda memoria tenía cuando le convenía.

-sí, vive al noreste de Francia ,en una ciudad llamada Metz, pero no habléis con él, no es de fiar y os venderá al primero que encuentre,- hizo una mueca poniendo una mano sobre la frente masajeándose las sienes, intentaba recordar- tiene un mapa, siempre alardea de él cada vez que puede
-¿su nombre?
- Lázaro Deveroux
-gracias, de verdad
Aarón soltó un suspiro.

-hazme saber que estás bien, en todo este tiempo ni siquiera llamaste
-no se si...-vio la preocupación de su mejor amigo y no pudo negarse, había querido hablar con él tantas veces desde que se había ido que no podía ni contarlas, habían pasado toda la vida juntos, era raro encontrarse sola de repente- de acuerdo
Lo miró una vez más memorizando cada rasgo de su rostro, y aunque no le era necesario para recordarlo, sí quería tener esa última imagen de él. El pelo alborotado y negro, las largas pestañas, los ojos marrones oscuros, esa boca que siempre sonreía, los hombros donde había llorado de niña, los fuertes brazos que la habían protegido. Llevaba unos vaquero claros y una camiseta negra de manga corta. Le quedaba bien. Muy bien. Suspiró.

-adiós- se giró con rapidez sin querer pensar en lo que le esperaba fuera.

lunes, 20 de agosto de 2012

Capítulo 2 (mi familia)


-¿ ha visto a esta chica por aquí?- le preguntó el copiloto enseñándole uno de los carteles con la foto de la chica. Tubo que reprimir un silbido al ver la suma ¿ Qué habría echo para que pagaran ese dinero por ella?
-no- negó Anya
El otro policía miraba peligrosamente hacía los contenedores donde había escondido a la chica. Aguantó la respiración nerviosa¿ Dónde iba a encontrar a otra persona  de los bajos fondos que pudiera ayudarla? Si conseguía salvarla se sentiría en deuda con ella , lo suficiente para ayudarla.  Eso ,más el incentivo que pensaba darle harían que tuviera  asegurado la primera parte del plan.

-mire, será mejor que se vaya a casa, esta nos son horas para andar por estas calles- le advirtió algo bruscamente el policía que le había preguntado antes.
Anya asintió y se relajó cuando aceleraron con el coche y siguieron hacía delante sin apartar la vista de la calle buscando a la fugitiva.
La chica salió de su escondite y anduvo con paso seguro hacía Anya. Sus ojos azules aguamarina destacaban incluso a distancia. El pelo era rizado de un color castaño, apostaba que si estuviera limpio sería de un castaño claro y quizás con reflejos dorados, no estaba segura del todo. Como camiseta llevaba una negra de propaganda XXL , pero que ahora estaba cortada por la cintura para que no le quedara tan larga, las mangas también habían desaparecido y en el cuello tenía un corte para poder ponérsela de lado, con un hombro caído. Los pantalones eran vaqueros cortos,muy muy gastados. Y los zapatos... llevaba unas botas de cuero negras de estilo militar, se parecían a esas que se ponían los rock and rolleros. Junto con ese conjunto, dos espadas cruzadas a la espalda. Le extrañaba que no llevara un pistola como hacían casi todos los humanos. Esa chica o era muy lista, o una estúpida con letras mayúsculas. Basándose en lo que había visto en el bar, optaba por la primera opción, al fin y al cabo, una bala a penas hería a un demonio pero te daba la opción de distraerlo y huir, en cambio, si le rebanabas el pescuezo, bueno, eso era otro cantar. Y esa sicario parecía de las que se quedaban a luchar y no corrían hacía la dirección opuesta. Tenía que admitir que incluso con esas pintas, la chica era guapísima. Si la vestían correctamente y se daba un buen baño no tendría comparación con ninguna otra. Era extraño, le recordaba a las personas que su madre le describía en los cuentos, de una elegancia y belleza clásica.

-¿Por qué me has ayudado?- preguntó Shana plantándose enfrente de ella, nadie te echaba una mano por nada, no en estos barrios.
-quiero hacer un trato contigo-dijo Anya levantándose y rebuscando en uno de los bolsillos traseros de pantalón
-¿qué clase de trato?- preguntó Shana cautelosa, después de lo ocurrido la última vez que la contrataron extrañaba que alguien quisiera tenerla a su servicio, y esa chica que la miraba con ojos negros tenía que tener dinero para contratar a quien quisiera. Su piel suave sin ninguna imperfección, su ropa extremadamente limpia y las uñas largas y cuidadas parecían un cartel fluorescente indicando DINERO, y eso le gustaba a Shana. No iba a poner pegas al trabajo para el cual la quería contratar.
-necesito encontrar a los dragones negros, quiero que me lleves hasta ellos
Shana abrió los ojos mostrando su sorpresa olvidándose por un momento del dinero. Solo eras capaz de encontrar a los dragones negros si ellos querían ser encontrados. Eran conocidos como una selecta secta creada a finales del siglo XVII compuestas por los mejores espías, lo sabían todo de todos y vendían su información al mejor postor. Pero para hacerlo, primero, tenías que encontrarlos, segundo, caerles en gracia, si te veían y no les gustabas no había nada más que hacer, y tercero, encontrar algo que les interese lo suficiente para cambiarlo por su información. Anya le pasó un fajo de billetes de quinientos .Shana lo agarró al vuelo mirándolo especulativamente. Sopesaba interiormente las opciones de lo que esta chica le pedía. En el fajo había fácilmente el triple de que lo había robado en el bar. Los chicos tendrían comida para medio año, fue lo primero que pensó al ver tanto dinero junto.

-no se donde se encuentran los dragones negros- dijo Shana pasado un buen rato- pero conozco a alguien que sí,
Anya sonrió, por fin iba rumbo de una buena pista.

-esto-siguió diciendo Shana enseñándole el dinero- es el adelanto
Anya la miró arqueando un ceja “aparte de sicario y ladrona, ambiciosa” pero le daba igual, podía permitírselo, y estaba ansiosa por conseguir esa maldita información.

- de acuerdo, pero si te atreves a engañarme lo lamentaras el resto de tus días
Lejos de intimidarla  Shana la miró escéptica con una sonrisa socarrona.

-menos mal que no eres tan inocente como pareces con esa cara angelical- comentó Shana dándose la vuelta e introduciéndose en una de los callejones- supongo que si te pido que me esperes aquí, no lo harás
-supones bien
Shana resopló.
Encabezó la marcha a paso rápido, pasó por callejones, saltaron vallas, se agacharon para entrar en agujeros y se colaron por varios jardines de algunas de las casas para llegar a su destino. El cuerpo de Shana estaba en tensión, sabiendo que no solo había aceptado el trabajo por el dinero, tenía una excusa para volver a la casa aunque solo fuera cinco minutos. Y ahí estaba

. Una pequeña casa de madera, era muy vieja pero se sostenía con seguridad, incluso tenía un jardín, solo que sin hierva bonita como la que salía  en las películas. Un chico de ojos marrones abrió la puerta de la casa, tenía una media melenilla morena  por las orejas y el flequillo le caía sobre los ojos cuando corrió hacía ella. Shana se dejó caer al suelo de rodillas abriendo los brazos y abrazando con todas sus fuerzas a ese pequeño que pronto cumpliría ocho años . Tras él, su hermana gemela, corría agarrándose el vestido andrajoso y sucio por encima de la rodillas.Se unió al abrazo con un impactó que casi hizo caer a Shana al suelo.Eran  Samuel y Paloma.

-has vuelto, has vuelto- gritó Paloma aferrada a su cuello
Shana no tenía la fuerza en ese momento para negarselo. Alzó la mirada hacía el pequeño porche de la casa donde había mas niños reunidos. Un rubia de seis años la miraba sonriendo, arrastraba un peluche de un oso sin ojo. Sandra. Otro ,un año más pequeño, de piel oscura y pelo castaño agarraba la mano de la pequeña. Israel. Sonrió sin soltar a los gemelos agradecida por poder pasar algo de tiempo con ellos. Sisi salió en ese momento de la casa bastante alterada. Tenía una melena rizada anaranjada y pecas por todo el puente de la nariz, sus ojos eran de un verde claro. Sostenía un niño pequeño de un año. Cámeron. Sisi andó hacía ella aguantando las lágrimas. Se paró justo en frente y Shana se levantó sosteniendo en su cintura a Paloma y a Samuel de la mano. Ninguna dijo nada, se miraban mutuamente reconociéndose. Aliviadas de que ambas estuvieran bien. Sisi tenía la misma edad que Shana pero tan solo llevaba viviendo en esa casa cuatro años. Cuando sus padres murieron en un accidente de coche, la tutela de Sisi pasó a su tío, todo habría salido bien si el hombre que tenía que cuidarla no se hubiera vuelto loco y le pegara palizas de tal magnitud que llegaba a partirle los huesos, sino la tratara como una criada, sino la violara mientras ella luchaba y rogaba que la dejara, pero hizo todo eso y más. Shana la encontró un noche acurrucada en la calle, estaba tan malherida que pensó que estaba muerta. Ni siquiera se habría fijado en el bulto que había tras el contenedor sino hubiera sido por la melena anaranjada que atrajo su atención. La llevó al hospital con dificultad pero no se rindió, estaba decidida a salvar a esa chica que seguramente había tenido que sufrir tantas penas como Shana.Cuando estuvo lo suficientemente recuperada para poder caminar le hizo un sitio en esa vieja casa. Pero no todo acabó ahí. Sisi ayudaba a cuidar de los niños más pequeños, ya que al no haberse criado en las calles no tenía idea de robar y era muy mala para mentir, sin embargo, fue una ayuda inestimable para la casa y la protección de los demás. Hasta que un día apareció su tío en la puerta. Gritaba exigiendo que Sisi volvería con él, que legalmente le pertenecía. La agarró del pelo tirándola al suelo y cuando él intentó bajarse los pantalones, Shana le disparó entre ceja y ceja. Cayó inerte al suelo. Shana tan solo tenía quince años cuando apretó el gatillo. Sisi entre lágrimas corrió hacia ella impactada por lo sucedido, sin querer admitir en voz alta lo agradecida que estaba. No podía sentir pena por su tío, solo una terrible liberación al verlo muerto y no se sentía culpable por ello. Entre las dos se deshicieron del cuerpo y nadie volvió a saber nada de ese hombre. No contaron nada, nunca, a nadie, pero la mirada de Sisi jamás dejó de tener ese brillo de gratitud, desde entonces no solo eran dos muchachas que cuidaban de niños más pequeños, eran amigas.

-volviste- tan solo fue un susurro pero en el silencio que se había creado se escuchó a la perfección.
Shana cerró los ojos con fuerza y negó con la cabeza lentamente. Dejó a Paloma en el suelo y se descolgó la mochila del hombro para dársela a Sisi, dentro estaba lo recaudado en el bar y todo lo que le había dado la rubia. Se la pasó.

-es para vosotros, tendréis suficiente dinero para bastante tiempo ,incluso podréis arreglar la hornilla o la ventana de arriba
Sisi asintió sin decir nada, sabía que le dolía tener que volver abandonarlos y no quería que fuera más difícil de lo que ya era. Entonces el ruido de la puerta chocar contra la pared llamó la atención de todos. En el marco de la puerta estaba Aaron. Shana sintió de repente que le faltaba el aire y las rodillas perdían la fuerza para sujetarla. Ahí estaba él. Después de seis meses no había cambiado nada. Pelo moreno, ojos marrones, metro ochenta y dos, fuertes brazos, espaldas anchas. Ahí tenía la razón por la que no quería volver, no era capaz de despedirse de él. Se había acordado de su sonrisa, del hoyuelo que se le formaba cuando reía despreocupadamente, de como se le formaban pequeñas arrugas en la frente cuando se enfadaba y de todos lo recuerdos que tenía con él, lo conocía desde que tenía uso de razón.

-Shana
-Aron- no era capaz de decir nada más

Caminó hasta quedar mirándose a los ojos.

-¿viniste para quedarte?
Las palabras se le atascaron en la garganta.

-no- logró decir no sin esfuerzo
Él asintió estoicamente y miró por encima de su hombro. La chica rubia estaba parada mirándolos. Los brazos cruzados en el pecho sin abrir la boca. Incluso después de pasar por todos lo sitios que habían recorrido antes de llegar a la casa ,ella seguía estando impecable.

-me ha contratado- explicó Shana antes de que él preguntara, su mirada estaba de vuelta en ella- necesito tu ayuda

Aaron cerró los ojos aspirando fuertemente, sus dedos temblaron por el deseo de acercarla pero no lo hizo.

-vamos dentro-se giró y entró

viernes, 10 de agosto de 2012

Capítulo 1, Encuentro en un antro de mala muerte


Anya  se percataba de todo lo que sucedía en ese bar, cada movimiento, palabra y suspiro llegaba a sus oídos. No sabía que hacía en ese tugurio de mala muerte, desde luego no había pensado acabar andando por esas calles de los bajos fondos de la ciudad, al menos no esa noche .Pero no se levantaba del asiento para irse. La sensación de que algo iba a ocurrir  no desaparecía, y cada vez era más molesta. Decidió aprovechar el echo de estar en ese lugar para sus beneficios. Llevaba tres meses de búsqueda sin resultado,y  estaba harta, a partir de ahora seguiría el consejo de ese viejo que había encontrado hacía unas semanas.

-no conoces los tugurios de la ciudad ¿cómo pretendes encontrarlos?- le había preguntado el viejo
Anya había pensado con esa lógica varias veces. Llevaba preguntando y buscando información sobre los dragones negros desde la muerte de sus padres y todo había sido en balde.
-si quieres mi consejo-empezó a decir de nuevo el hombre – bueno, te lo diré de todos modos ,aunque sé que vas hacer oídos sordos,-suspiró- busca a alguien que se maneje por esos sitios,alguien que conozca lo que se trama por los bajos fondos.

Como bien sabía el viejo, había ignorado de pleno el consejo .No obstante, varias semanas después ,y seguir sin una buena pista, le hizo recapacitar. Era indignante que ella, hija de dos de las criaturas más antiguas, un ángel y un demonio, tuviera que acabar mendigando por información.
La puerta del bar se abrió y una chica con unos pantalones ajustados negros y botines de tacón entró dentro, no podía verle la cara, ocultaba el rostro tras una capucha. Nadie le prestó atención, andaba sigilosamente como si quisiera pasar desapercibida, solo ella que estaba pendiente de todo, la siguió con la vista. Pasó por su lado y detectó un leve olor, ¿sangre? Podía ser, ya no se extrañaba de lo que podía encontrarse por la calle. La chica se sentó en una de las mesas del fondo a su espalda por lo que dejó de verla, pero sí podía oír sus movimientos. No bajaría la guardia en un antro como ese.
Los gritos que surgieron al otro lado del bar hizo que se olvidara de la joven que había entrado.

-maldita cría, suelta lo que es mío
Era el dueño del bar, tenía agarrada a una chica por el brazo y se lo retorcía hacía atrás. Shana se irguió como pudo fulminando al hombre con la mirada.
-suéltame- siseó con voz venenosa
Había sido un estúpida al dejarse pillar tan fácilmente, hacía años que no robaba . Ahora le hacían encargos y ella cumplía. Era conocida como la sicario de ojos de cristal. Cada vez ganaba más por hacer menos, sus trabajos siempre eficientes, rápidos y limpios le habían dado un fama muy beneficiosa. Era conocida como la mejor entre todos los mercenarios,  pero cometió un error .Y ahora le quedaba eso .Volver a robar.  Debía admitir que había perdido su toque si la habían cazado con las manos en la masa, de niña era capaz de quitar el reloj a un policía mientras  hablaba con él. Suspiró intentando salir de la situación sin crear mucho alboroto.

-mira, lo digo por tu bien, sueltame y dejemos las cosas como están
El hombre soltó un carcajada apretándole el brazo con más fuerza.
-ni lo sueñes, la policía estará encantada de meterte entre rejas, sucia rata
En ese momento la paciencia y el lado conciliador de Shana se esfumó. Se soltó del brazo con un movimiento brusco, y  en vez de salir corriendo le plantó cara al hombre. Era igual de alto que ella. Sus ojos azules se volvieron fríos mientras lo miraba haciendo que él retrocediera un paso y tragara compulsivamente.
-tú...tú eres la asesina que todos buscan, la chica de los bajos fondos,

“A la mierda”, pensó Shana, es que ya no podía pensar con claridad. Era lo que tenía no comer con regularidad y dormir donde podía. No le extrañaba que la calificara de asesina, esa era la mirada que utilizaba para intimidar .Y esa misma mirada era la que estaba dibujada por todos los lugares de la ciudad, justo debajo ponía una enorme recompensa por su cabeza. Era buen momento para huir antes de que el sentido codicioso de los demás presentes se despertara e intentaran capturarla.

-muchachos, ofrecen cincuenta mil euros por esta niña-gritó el dueño del bar a todos los hombres
Todas las miradas se dirigieron hacía ella. Tardaron algo en reaccionar pero segundos después ya se habían levantado varios de los presentes y se dirigían hacia ella. Shana se dio la vuelta clavando la mirada más envenenada que tenía en el dueño. Este quiso correr hacia la cocina al percatarse de que acaba de de enfadar a una famosa asesina. Pero Shana lo detuvo agarrándolo del hombro y pegándole un puñetazo en la nariz, sin dejarle tomar aliento, le propinó otro en la mandíbula haciendo que recorriera el camino hacía la cocina con el doble de velocidad. El dueño acabó quemándose el delantal con el fuego de gas. No tubo tiempo de mirar que más le sucedía porque ya tenía a un hombre que la atacaba por la espalda. Se dio la vuelta con velocidad y le pegó una patada en el pecho. Calló sobre un viejo tocadiscos “por los dioses ¿quién tenía un tocadiscos en pleno siglo XXI?” Mientras se libraba del agarre de otro hombre una canción del susodicho tocadiscos empezó a sonar  Elvis preseley, Estaba sonando Jailhouse rock de Elvis Preseley. No daba crédito a lo que estaba oyendo. Sonrió subiéndose en una de las mesas y pegándole otra patada a uno al ritmo de la música. Llevaba mucho tiempo sin acción, al final no iba a estar tan mal.  Cambió de idea cuando uno de los hombres, no ,eso no era un humano, los enormes dientes tan afilados como cuchillos lo desmentían. Desenfundó una de las espadas que tenía sujeta a la espalda y le cortó el cuello. No se equivocaba, la sangre negra que manchó sus piernas lo confirmó .Y encima llevaba pantalones cortos. Le iba a costar sacar esa cosa pringosa de su piel. Los sonidos de las sirenas que indicaban la llegada de la policía hizo que dejara de importarle la sangre, la música y los demás hombres. Era hora de marcharse. Saltó de la mesa  y agarró la mochila donde había metido el dinero. Se la colgó dando un codazo en el abdomen a la mujer machorra que intentaba cortarle el paso y salió por una de las ventanas que daban a la calle trasera. Corrió por un par de calles y se escondió en uno de los muchos callejones sin luz que había en esos barrios. Se agazapó cada vez más en la oscuridad escuchando el alboroto que hacían los demás buscándola. Pronto harían batidas en su busca, valía mucho dinero. Recuperó el aliento varios minutos después de la enorme carrera. Sabía donde estaba y lo que tardaría en llegar al motel donde se había colado la noche anterior. Esperaba que no hubieran alquilado la habitación, era la única ventana a la que podía acceder desde la calle. Ahora solo le quedaba esperar a que  pasará la policía. Eso parecía algo sencillo sino hubiera escuchado un ruido a su espalda. El reflejo de la navaja fue lo primero que vio y saltó fuera de su trayectoria para escapar del corte. Rodó por el suelo y se levantó con una de las espadas ya en su mano. Era un vagabundo, apenas podía verlo por la oscuridad, pero se notaba que era un ladrón de tres al cuarto

-dame todo lo que tengas- exigió él acercándose a Shana con la navaja por delante
Shana sonrió en la oscuridad. No sabía que iba bien armada. Todo estaba oscuro y tenía que entrecerrar los ojos para captar cualquier movimiento por parte del ladrón. Estaba acorralada contra la pared y eso le daba ventaja.

 Pero en ese momento las nubes negras que cubrían el cielo se abrieron ,dando paso a la luz de la luna que iluminó todas las calles de la ciudad. La balanza cambió y la ventaja fue para Shana, ya que él no podía verla. Ella se mantenía oculta en la oscuridad de las sombras, en cambio, el hombre quedó bajo la luz de la luna llena.
La ironía de la situación no se le escapó a pesar de lo atenta y concentrada que estaba a cada movimiento del hombre. Intentaba robarle a ella ¡¡A ella!!  Si estuviera aquí su amiga Sisi diría que la había castigado Dios. Pero ella no creía en  ningún Dios. Así que echó la culpa a la mala suerte que la perseguía últimamente. El vagabundo cansado de la falta de respuesta por parte de Shana  embistió contra ella. Shana se giró hacía la izquierda y le golpeó con el mango de la  espada en la nuca. Cayó al suelo gritando de dolor mientras un charco de sangre corría por su cuello. Shana le retorció la muñeca y lo giró hacía arriba. Luego se sentó a horcajadas sobre él agachándose hasta que sus cuerpos quedaron totalmente pegados. Ahí se dio cuanta de algo.
Él no era un vagabundo.
Tampoco un simple ladrón.
Manteniéndolo sujeto bajo ella para que dejara de retorcerse intentando escapar, apartó el abrigo y vio sus ropas. Eran relativamente nuevas y estaban bastantes limpias. Él no olía del todo mal. Desde luego se había duchado no hace mucho, cosa que uno de la calle no tendría como lujo. ¿quién era este hombre que intentaba matarla por la espalda?¿otro que quería cobrar la recompensa?
Eso no iba a poder ser.

-te equivocaste de chica-le susurró al oído con un toqué tenso en la voz, la había cabreado- yo soy la mala de los cuentos
Él, asustado ,la miró a los ojos. Esos ojos de cristal, que en esos momentos parecían no tener vida. Shana  le clavó la espada entres las costillas hasta llegar al corazón. Notó como el hombre daba su último suspiro bajo su cuerpo y  se apartó antes de mancharse de sangre. Observó al hombre y el brillo de su muñeca captó su atención. Se agachó de nuevo  y levantó la ropa que ocultaba el reloj. Un buen reloj.

-bueno, tú ya no lo vas a necesitar -dijo ella mientras se lo quitaba y lo abrochaba en su propia muñeca
Lo registró de arriba bajo pero no encontró nada más de valor. Limpió la espada en el abrigo del hombre y volvió a guardarla en su funda. Salió del callejón justo cuando pasaba el coche patrulla. “Por los infiernos, ya creía que los había despistado” Pero no,  los encontró de frente. Se dio la vuelta a toda prisa derrapando con los pies y colocando su mano derecha en el suelo para no perder el equilibro. Corrió lo más rápido que le dejaban las piernas mirando a su alrededor en busca de una vía de escape.
Anya vio como la chica que había robado en el bar se acercaba a donde estaba ella. Eres las chica de los bajos fondos había dicho el hombre. La frase captó su atención en seguida, esa chica era lo que necesitaba. Cuando pasó por su escondite la agarró del brazo y la atrajo hacía su dirección. La chica se revolvió y estuvo apunto de darle un puñetazo para liberarse. Por suerte, Anya era buena en reflejos y lo esquivó.

-te voy ayudar ,inútil
 Shana se quedó quieta al escucharla. La miró sorprendida y se encontró con unos ojos negros como la noche y un pelo rubio como el sol recogido en una coleta, que contrastes tan extraño, pero no por eso era menos hermoso. Anya al darse cuenta de que había captado la atención de la ladrona la empujó detrás de un contenedor.

-quédate ahí- le ordenó y cruzó la calle a toda prisa para sentarse en un banco de enfrente, a la espera de que pasara la policía. La espera no se le hizo larga. No acaba de sentarse cuando el coche de luces azules y rojas se paró delante de ella.

lunes, 30 de julio de 2012

Prólogo



La mujer observó a través de la bola de cristal la imagen que se formaba en su interior, no escapaba de su vista ni un solo detalle. A pesar de lo pequeña de la imagen, todo se veía a la perfección. Miró con atención los movimientos de esa chica que no sabía, al igual que todos los seres sobre la tierra, que alguien los observaba. Alguien que tampoco participaba en las guerras del bien y el mal que se habían producido a lo largo de los siglos, tan solo era una espectadora en primera fila. Para su sorpresa, estaba casi emocionaba ante lo que iba a ocurrir, llevaba esperando ese momento muchísimo tiempo. Ser la guardiana y protectora del destino a veces era muy aburrido, aunque no podía quejarse. Esos últimos cincuenta años, desde que se desveló los secretos de la magia la habían tenido entretenida, las reacciones de los humanos, las primeras batallas entre las razas, los problemas de territorio y los espectáculos entre ángeles y demonios habían sido una muy buena distracción. Y es que,  esas tensas situaciones en la Tierra habían sido un suspiro de aire fresco en su largo tedio. Pero las cosas poco a poco volvían a su cauce, y al fin los humanos se estaban adaptando a vivir con las criaturas mágicas, no había problemas, al menos no que ellos supieran. Porque algo se estaba cociendo en el interior de esos humanos y ni siquiera se daban cuentan. Sin embargo, esas chicas, las que había vigilado desde su nacimiento ,cambiarían las cosas.

Ella ya no sentía emociones, llevaba miles de años mirando el mundo a través de esa bola, tantos que ya no podía contarlos, y para ser una buena protectora no podías dejarte influir por los sentimientos. Pero admitió para si, que si eso le hubiera sucedido unos… veinte mil, quizás quince mil años antes, se sentiría ansiosa por el cruce de caminos de esas muchachas. No obstante, ahora solo notaba una leve sombra de lo que un día fueron sus emociones.

-ah,no,no- tocó la bola y la imagen se proyectó fuera aumentando varias veces de tamaño-hoy será la noche- con una de sus largas uñas tocó lo que sería la mano de la chica extrayendo un hilo de dos colores mezclados entres si, azul celeste y azul marino, luego lo enrolló en un de sus dedos y con él hizo que la muchacha escogiera el camino de la izquierda en vez de el de la derecha.  Así hizo cada vez que la chica no elegía la dirección que ella quería. Al final soltó el hilo y la dejó libre cuando llegó a un bar de una calle abandonada.
Sonrió satisfecha  e hizo desaparecer la imagen solo para que aparecieran otras dos diferentes. Una de las chicas ya estaba en el bar. Asintió borrando la proyección y fijó su mirada en la última elegida. En ese momento saltaba desde una ventana de un ático de uno de los edificios más altos de la ciudad. Calló en cuclillas y dirigió su mirada hacía arriba por si la habían pillado, no era ese el caso, se había cerciorado de que así fuera. Andando con pasos rápidos se camufló entre el gentío de la ciudad, no volvió a mirar atrás, tenía que alejarse lo que pudiera antes de que descubrieran su escapada. Su hermana sería la primera en percatarse y alertaría a sus padres sin perder un segundo. Solo sería por un tiempo, tenía que aceptar por si sola su destino como princesa, saborearía todo lo que el mundo podía mostrarle y luego volvería para aceptar su compromiso. Eso era lo que se había dicho para justificarse, no quería pensar en la vergüenza que haría pasar a sus padres cuando tuvieran que sufrir las consecuencias de sus actos.
La mujer hizo desaparecer la imagen y se recostó en una enorme burbuja de humo violeta. Era lo más cómodo que podía existir. Luego dirigió la mirada hacía el cielo nocturno observando y leyendo el significado de las estrellas.

-parece satisfecha, señora ¿alguna novedad?
La mujer miró a su joven aprendiz. Llevaba bajo su tutela casi mil años y algún día, uno que aun faltaba mucho por llegar para su desconsuelo, sería se sustituto.

-hoy es la noche
El aprendiz la miró con cierto matiz de sorpresa pero intentó ocultarlo con la mayor rapidez posible ,mostrando una mirada inescrutable.

-¿está segura?
Ella le lanzó una mirada dura que acobardó al hombre haciendo que se mordiera la lengua para refrenar su curiosidad. Ella nunca fallaba. No castigó al aprendiz por su desliz, al fin y al cabo esa noche estaba contenta, y recordó que aún tenía mucho que enseñarle, podía permitirle esos sentimientos tan terrenales, al menos por el momento.

-sí-afirmó contestando a su pregunta-hoy es el principio del fin
 

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